domingo, 13 de junio de 2010

Todos somos estudiantes.

A lo largo de nuestra vida, tenemos contacto con cientos, miles de personas. Desde nuestros propios familiares y amigos, hasta los ilustres desconocidos con quienes nos cruzamos a diario.
Algunas de estas personas pasan aparentemente desapercibidas, pero algunas otras, calan hondo en nuestras emociones, sentimientos y percepción de la vida.
En ocasiones, tenemos la oportunidad de elegir con quien queremos tratar y convivir, en otras tantas, no tenemos mayor opción. A veces elegimos bien, a veces...no tan bien. Todos hemos tenido alguna vez, esa desagradable sensación en que quisieramos nunca haber conocido a determinada persona.
Las relaciones personales son por tanto, complicadas.
Complicadas de iniciar, complicadas de mantener y complicadas de terminar.

Cuando el alumno está listo, aparece el maestro.

Somos eternos estudiantes de la vida. Segundo a segundo, nuestras celulas aprenden a sobrevivir, a multiplicarse, a mantenerse vivas. Aprendemos y nos adaptamos al calor, al frio, a la humedad. Aprendemos por voluntad propia, nuevas habilidades y conocimientos.
Y las personas con quienes tenemos contacto, son maestros y nos dan lecciones.

Durante mi primer trabajo, recién graduado, me cambiaron de jefe en dos ocasiones.
La primera vez, mi nuevo jefe fue un Licenciado de padre Alemán y de madre Holandesa, que había nacido en México y crecido en una población rural de Hidalgo.
Tenía tantas manías en la cabeza como cabellos rubios. Era obsesivo, compulsivo, maniatico, paranoico, exigente, misógino y racista. Pero tenía simpatía por mi.
Era muy difícil ser el consentido y confidente de un jefe al que todo el mundo alucinaba y algunos, hasta detestaban.
Para colmo, le gustaba llamarme a cada rato para darme instrucciones, revisar el trabajo, etc.
Había días en que al terminar el turno de trabajo, sentía enloquecer.
Habia noches en que lloraba de la frustración.
Sin duda, cuando nos avisó que se iría, muchos sentimos alivio... y en mi caso un poco de tristeza.
Y no porque hubiera desarrollado el Síndrome de Estocolmo y me hubiera enamorado de mi captor. Pero debo reconocer que aprendí muchísimo de él.
Cuando nos cambiaron de jefe, se notó la diferencia. El que llegó no sabía nada de nada, comparado con el jefe anterior, era un cero a la izquierda. Acostumbrado a la presión, a la exigencia y al trabajo pulcro y bien hecho que exigía el jefe anterior, frente a la nueva opción me sentí desaprovechado y poco valorado. Opté por renunciar.
¿Aprendí algo del nuevo jefe mediocre?
Sí, aprendí acerca de mi mismo.

Lo mismo pasa con todas nuestras relaciones, parejas, hijos, padres, amigos, empleados. Hay algunos que nos sacan de quicio, algunos que nos enamoran, algunos que nos repelen, algunos que detestamos. Pero de todos aprendemos algo.
Y no aprendemos por casualidad, aprendemos justo lo que necesitamos.

Cuando una persona se queja de una relación (del tipo que sea), la respuesta lógica a sus quejas es: y, ¿Qué haces ahí?, la mayoría no sabrá responder, algunos otros pueden contestar que están obligados y no pueden hacer otra cosa mas que aguantar.
En algunos casos, puede ser cierto. Con nuestros padres, hijos, jefes, etc.
En algunos otros casos, si tenemos la opción de abandonar, de huir, de escapar, de renunciar, de divorciarnos.
Ese no es el problema. Siempre podremos huir.
El problema es aprender la lección. Si huimos o nos alejamos sin aprender la lección, el patrón se repite, con mayor intensidad, con mayor fuerza.
Escapamos de un violento, para terminar cayendo al lado de un asesino.
Por eso es importante aprender las lecciones. Una vez que aprendemos nuestras lecciones estamos listos para el desarrollo, la evolución y el disfrute de nuevas relaciones, constructivas, emotivas, disfrutables.

Cuando una persona nos ha dado la lección y la hemos aprendido, por lo regular, sola se desaparece y si no lo hace, no pone mayor objeción en dejarnos ir.

Hay tambien, personas que llegan para quedarse. No solo desempeñan el papel de maestros, sino de compañeros en la escuela de la vida. Personas con las cuales compartimos gustos, hábitos, estilo de vida. Con estas personas podemos crecer y desarrollarnos juntos, aprender juntos y somos reciprocos, nos enseñan y les enseñamos. Los hijos son un buen ejemplo. La gran mayoría anhelamos que nuestra pareja sea esa persona.

Independientemente de eso. Los maestros seguirán llegando a lo largo de nuestra vida para ayudarnos a trascender, a ser mejores, a superarnos.
De la calidad de personas de las cuales estamos rodeados es la magnitud de las lecciones que debemos aprender.

Me parece agradable revisar la historia de mi vida y ver en perspectiva, las personas que me rodeaban hace 20 años y las que me rodean ahora.
Hoy puedo presumir de tener contacto con personas que están en un nivel espiritual, intelectual y emocional muy superior a las personas con las que trataba hace algunas décadas. Las lecciones por lo tanto, han subido de nivel, de calidad.
Me da mucho gusto también, ser consciente y responsable de elegir las personas con las cuales me rodeo.
Ser consciente, nos permite tomar parte activa del desarrollo de nuestra vida y no estar a expensas de los accidentes.
El haber elegido maestros duros o indeseables en el pasado, no nos obliga a repetir las mismas elecciones.
Siempre queda el camino de la elección consciente y responsable.
Llegar a ese grado es una de las mejores lecciones que he aprendido.
Es como ir a la universidad y escoger con que maestro quieres tomar las clases que te toca tomar.
Algunos aun se esperan al final y toman el lugar que sobra de las clases que ya todos han elegido.
Como buen estudiante, me gusta elegir.
Asi es.

domingo, 2 de mayo de 2010

A lo que te resistes, persiste.

Hay un momento en la vida de toda persona en que entramos en un estado de inconformidad. Algo, alguien, puede ser cualquier cosa, entra en nuestra rutina diaria y nos hace despertar del letargo en el que estábamos.
Las personas somos animales de hábitos, de costumbres y de tradiciones. A lo largo de nuestra vida, buscamos la comodidad y nos esforzarnos por crear los espacios, los rituales y las rutinas que nos permitan estabilizar nuestra vida e intentamos escondernos de los cambios.
Creemos, falsamente, que si hacemos siempre lo mismo, la vida transcurrirá mas o menos igual por todo el tiempo.
Pero entonces, llega lo inesperado.
La muerte de un familiar o amigo, una nueva relación amorosa, los accidentes, los desastres, el término de un ciclo, el divorcio inevitable, el crecimiento de los hijos, etc.
Lo cierto, es que la vida está en un constante cambio y una constante evolución.
Nada es para siempre y nada permanece igual por siempre.
Estos agentes de cambio que se aparecen en nuestra vida, si bien, no tienen un propósito definido, contribuyen a que no nos estanquemos y nuestra vida, nuestra alma, nuestro espíritu y nuestra conciencia se sigan desarrollando y expandiendo.
Es inútil tratar de detener el cambio. Es imposible.
Cuando las personas nos aferramos, intentando que las cosas sigan de la misma manera a la que estamos habituados, solo complicamos las cosas. Los problemas se hacen mas grandes, el dolor se convierte en sufrimiento, las heridas sangran mas de lo que deberían y en general, el cambio seguirá su curso llevándose por delante lo que se le ponga enfrente.
Una vez que el cambio se ha puesto en marcha, nada vuelve a ser lo mismo. Bendito Dios que asi sea.
Luchar contra el flujo de la vida, nos mantiene en un estado de estancamiento mental que solo genera dolor y sufrimiento a quien se opone a el.
Si observamos el universo, el viento sopla de un lado a otro, el agua llueve, se mueve por los rios, se evapora en los lagos y mares y vuelve a caer, siempre está cambiando. Los animales nacen, crecen y mueren. Las flores dan semillas, frutos. Todo está cambiando.
Los seres humanos no tenemos ninguna razón para creer o querer que nuestra vida sea la misma todo el tiempo. Ni siquiera en la muerte podriamos encontrar esta inmovilidad.
A lo que te resistes, persiste.
A lo que te aferras, lo alejas.
Aún sabiendo esto, hay personas que se aferran a sus bienes materiales, casas, coches. Se aferran a relaciones o a personas que no les aman o que no aman. Se aferran a costumbres, vicios, pensamientos e ideas que no les benefician en nada. Se aferran a un estilo de vida, aun cuando éste ya no les funcione. Se aferran a trabajos, a salarios, a ocupaciones.
El agente de cambio es un detonador, una vez que aparece cambia el curso de la historia por siempre.
La teoría del caos, nos explica, que en el aparente caos que podemos observar en que se encuentra el universo y cada una de sus partes, hay un orden subyacente que sólo se puede observar si nos alejamos lo suficiente. Y ese orden a su vez, se vuelve caótico una vez que introducimos un agente de cambio, cualquiera que éste sea. En el ejemplo mas común, se dice que un aleteo de mariposa, puede crear un huracán del otro lado del mundo.
En nuestras vidas, tratamos de mantener un orden a través de hábitos, costumbres, rituales, tradiciones. Este aparente orden se enfrenta día a día a agentes de cambio, algunos mas visibles y severos, algunos tan débiles que ni siquiera los notamos. Lo importante es que estos aleteos de mariposas o patadas de dinosaurio, una vez que aparecen transforman nuestra vida, "creando huracanes". Entonces, pareciera que nuestra vida se ha vuelto un caos a consecuencia de ello.
Pero ese caos, trae un orden subyacente que no podemos observar porque estamos metidos dentro de él.
La terapia profesional o la simple plática con amigos, nos permite "observar" mediante ojos y conciencia prestada el orden dentro de nuestro caos personal.
Lo cierto, es que una vez iniciado el cambio, lo mas sensato es aceptarlo, abrazarlo y adaptarnos a el, recibiendo con amor y con gusto lo que trae de nuevo a nuestra vida. Luchar contra el cambio es una batalla perdida desde antes de haber comenzado a librarla.
Hay personas desgraciadas e infelices que quisieran que todos a su alrededor fueran infelices, para demostrar que su infelicidad es normal y por lo tanto aceptable.
La mayoría de estas personas se oponen a los cambios, a la evolución y al desarrollo, sin saber, que en el pecado llevarán la penitencia, pues la vida, invariable e inevitablemente, seguirá su curso.
Asi es.

domingo, 18 de abril de 2010

El verbo se hizo carne.

Los últimos días he estado a dieta. Por voluntad propia, por instrucciones de un terapeuta, por vanidad, por salud. Es una dieta de desintoxicación. Y he adelgazado.
Dicen que cuando uno está a dieta, se antojan mas las cosas que uno no puede comer. Quizá sea esta una versión de aquel dicho que habla acerca de que se antoja mas lo prohibido. El caso es que es cierta parcialmente. Para estar a dieta hace falta fuerza de voluntad, pero sobretodo la convicción de saber porque lo está haciendo uno. Si la razón es poderosa, ni mil antojos pueden hacer que uno falle en su intento. Si la razón es vana, en cualquier momento puede uno caer en la tentación. Pero no basta con tener una razón poderosa, es importante también, ver resultados.
Los resultados motivan, los resultados animan.
En mi caso he tenido resultados observables y además, la dieta no ha sido tortuosa. He vuelto por unos dias a un regimen que practiqué durante algún tiempo en mi juventud de preparatoria y universidad: El vegetarianismo.
Si bien, en aquella época mas que por salud, lo hice por una combinación de compasión y asco por la carne de animal muerto, me quedo el gusto por la comida vegetal.
Es por esta razón que en estos días, ha circulado por mi cabeza, como zumbido de mosquito nocturno, la frase del maestro Jesús que dice:
"No es lo que entra por tu boca lo que hace daño, es lo que sale de ella".
Y mientras cuido todo lo que entra por mi boca, he estado observando también lo que sale de ella.
Pocas personas se dan cuenta de la importancia de la verbalización, es decir, de poner en palabras nuestros pensamientos.
Pareciera que algunas personas ni siquiera piensan lo que dicen, es como si tuvieran conectada la lengua al higado, al corazón o alguna entraña...
Otras personas parece que tienen conectada la lengua al aparato sexual y en algunos, pareciera que la lengua se gobierna sola, diciendo disparates.
No se bien como está estructurada la capacidad del habla, pero si estoy seguro que se puede reflexionar y controlar lo que se dice.
Nuestras palabras tienen fuerza, tienen poder.
Nuestros pensamientos son poderosos y las palabras que se dicen con la intención del pensamiento y la emoción del corazón, son aún mas poderosas.
Atraemos aquello en lo que enfocamos nuestro pensamiento.
La materialización se hace más rapida y precisa cuando lo decimos.
Es así, que "el verbo se hace carne"
Como locutor de radio, como profesor universitario y como practicante en entrenamiento de la Ciencia de la Mente, siempre recomiendo a mis alumnos y amigos que tengan cuidado con lo que dicen.
Recomiendo que revisen las canciones que mas les gustan y saben cantar de memoria.
Por que al cantar, uno dice cosas, les pone sentimiento y la mayoría de las veces hasta visualiza lo que está diciendo.
¿Se imaginan lo que puede materializar la repetición de canciones que dicen "ojala que te mueras", "estoy solo", "yo no naci para amar"?
Lo peor de todo, no es que las cantemos cuando están de moda. Es, que están en el imaginario colectivo, que desde niños forman parte del repertorio musical y que lo que dicen, se acepta como verdad.
Lo mismo pasa con las novelas, con las películas, con las series de televisión.
Nuestro discurso mental está maleado, contaminado, intoxicado.
Así como ponemos a dieta a nuestro organismo, para limpiarlo, para adelgazar, para que se mejore, también es posible y necesario, poner a dieta nuestra mente.
Dejar de escuchar música negativa, dejar de ver programas y películas con una visión de la realidad distorsionada y enferma, dejar de leer cosas que no aportan nada intelectual o culturalmente, lo cual, se traducirá necesariamente en que de nuestra boca no saldrán palabras contaminadas.
Los retiros espirituales en silencio, en cierta forma, son para ese propósito, para hacer una dieta mental.
Hay personas que comen porquería y su cuerpo, su salud, están hechos una porquería.
Hay personas que consumen contenidos de porquería. Su mente y sus palabras están llenas de porquería.
Todo lo que entra sale.
Somos lo que pensamos, somos lo que comemos, somos lo que decimos.
Asi es.

domingo, 11 de abril de 2010

El verdadero Secreto de la Ley de Atracción.

De hace algunos años a la fecha, gracias a la película "El Secreto", muchas personas se han abierto al conocimiento de la Ley de Atracción y de la forma, como a través de ella, podemos hacer realidad nuestros deseos y sueños. Sin embargo, mucha gente se pregunta el porqué si tienen anhelos y deseos genuinos, estos no se ven manifestados en su vida cotidiana. Algunos han comenzado a pensar que la Ley de la Atracción es sólo un mito o una farsa, ya que para ellos al parecer no funciona. Sin embargo, debemos aceptar que esto se debe a que tanto en la película como en las presentaciones que circulan por internet, no se nos explica el "método" y los secretos del secreto. Es decir, no basta con sólo desear. He aquí los secretos del secreto.
Hay una inteligencia y un poder creativo y sensible en toda la naturaleza (Dios, el Poder, el Padre). Esta inteligencia es dócil a nuestras sugerencias.
Tú formas parte de la naturaleza y de esta inteligencia, que es mayor que cualquier individuo. El individuo que eres, también es una forma particularizada de esa inteligencia. Este infinito poder se encuentra en todas las cosas y en todo el espacio y se manifestará desde la energía espiritual o informe que existe en el mundo invisible, hasta el mundo de la forma y de los límites.
Una vez que sepamos esto mas allá de toda duda y que lo pongamos en práctica en nuestras vidas, veremos las imágenes de los deseos de nuestro corazón transformadas en nuestra realidad exterior.
1.- Examina todas las cosas de las que careces o con las cuales tienes algún tipo de dificultad o desafío. Ahora, di para ti mismo: "He creado todo esto con mis pensamientos, condicionamientos, creencias y acciones". Sólo al reconocer que siempre has atraido hacia ti aquello que has irradiado hacia el exterior, en forma de energía invisible, podrás utilizar esta misma energía de una manera mucho mas productiva. Ahora sabes que no has hecho sino manifestar las cosas que supiste atraer en el pasado, y vas a cambiar eso. Pronto te darás cuenta de que las condiciones de tu vida han sido manifestadas por ti mismo, aun cuando no fueras conciente de ello. Tus pensamientos e imagenes mentales de carencia, escasez, ensimismamiento, autoritarismo, enfermedad, culpabilidad, preocupación y otros similares son los que has situado en el espíritu universal y así se han manifestado en tu vida. Explora la posibilidad de que la razón por la que crees que la vida es limitada sea porque has asumido que esa limitación está en tu propia vida.
2.- Imagina claramente lo que quieres o deseas manifestar. Algo que puede explicar porque tus deseos no se materializan es la frecuencia con que cambias tus deseos. El poder con que estás trabajando es una fuerza muy sensible que exige unas imagenes mentales consistentes y estables.
3.-Tambiés es posible que estés usando mal tu poder, situando restricciones y contingencias en la inteligencia universal. No limites nunca al espíritu de ninguna forma. Si experimentas alguna clase de fricción, eso significa que existe un error en tu pensamiento y en tu proceso de formación de imagenes, no que la fuerza creativa funcione de modo incorrecto. No originas la fuerza, solo la distribuyes. Esta sabiduría que todo lo crea, el principio a partir del cual se originó todo, no depende en modo alguno de personas o cosas específicas. No tiene pasado y no conoce futuro. Está en el ahora eterno y, lo que es mas importante, se sirve de sus propios medios para actuar. Si empiezas a transmitirle órdenes, a plantearle exigencias o a insistir en que actúe a través de un canal específico, no accederá a tus peticiones. Límitate a comunicarle al espíritu lo que deseas, sin decirle como deseas que suceda. Luego retírate lleno de fe y confianza.
4.- Para manifestar, necesitas de una voluntad lo bastante firme como para superar cualquier idea en contra o la falta de fé en tu conexión con Dios. Es absolutamente necesario que confíes, que creas en el poder de atracción. Se te dará de acuerdo a tu creencia.
5.- Todo esto se hace con mucha mayor efectividad de una forma íntima. Tu energía es tuya y solamente tuya. Si hablas a otra persona sobre ella, la energía disminuye. Esta energía superior, que es infinita, tiene que crear sus propios vehiculos para la manifestación, y lo hará en la intimidad. Mantén tu singular capacidad para atraer lo que deseas en el plano privado.
6.- El pensamiento es acción creativa. Los pensamientos son cosas. No son ni buenos ni malos, sin embargo, aquellos pensamientos sobre los que mas meditas son los que determinan que poseerás o que no poseerás. Aquello en lo que pienses es aquello en lo que te convertirás. Sé consciente de los pensamientos o imágenes que pueden manifestar algo que no deseas. Si tus condicionamientos te impulsan a pensar en términos de pesimismo, o de imposibilidades, o hacen que utilices tus desgracias pasadas como excusa para no tener una vida feliz y abundante, erradica esos pensamientos de tu mente. Por difícil que sea de concebir, debido al condicionamiento del ego, lo cierto es que eres una de las formas mediante las que Dios se ha particularizado en este mundo material.
7.- Empieza a actuar como si ya existiera en tu vida aquello que quisieras atraer. Si deseas curación, formula la imagen, irradia hacia el exterior esa energía para conectar con la energía que todo lo ha creado, sé alegre y confía en tu conocimiento, no lo compartas con nadie y luego empieza a actuar de una manera nueva y saludable. Si deseas materializar más prosperidad, inicia el proceso de pensar en la abundancia y de actuar también del mismo modo. Da gracias por todo lo que has manifestado en tu vida. Examina las posibles maneras de mostrar tu agradecimiento y corre algunos riesgos, sabiendo que aquello que deseas atraer ya es una energía que compartes. Cómprate algo especial y entrega algo a alguien menos afortunado, aunque tu ego lo rechace.
8.- Siéntete merecedor de lo que deseas. Al ser tu una imagen de la divinidad, no hay razón para no merecer lo que deseas. Ámate a ti mismo y perdónate. La creencia de no merecimiento es uno de los principales obstáculos para poder recibir y manifestar nuestros deseos. Al actuar Dios a través de ti no puedes ser malo o indigno. Mereces todas las bendiciones, toda la abundancia y toda la prosperidad, todo el amor y toda la felicidad, pues son tu herencia divina. Puedes creerlo o no, pero en la medida en que no lo creas, sólo te dañarás a ti mismo. Dios no castiga ni limita, somos nosotros mismos quienes lo hacemos. El reino ya es nuestro por derecho divino.

Por último, quisiera resumir el método de oración al cual conocemos como TEM o Tratamiento Espiritual Mental:
1.- Comienza por reconocer que sólo hay un poder, una energía y una inteligencia en todo lo que existe, lo invisible y lo visible.
2.- Ten la certeza de que tu formas parte de ese poder, que eres uno con esa inteligencia, que eres uno con Dios y por lo tanto, el se expresa a través de ti.
3.- Declara lo que deseas manifestar, imaginándolo como si ya fuera un hecho y una realidad. Trata de sentir la emoción y el sentimiento que te da el ya poseer ese anhelo.
4.- Agradece por lo que tienes y por ser consciente de tu naturaleza divina. Agradécete a ti mismo por esa consciencia.
5.- Confía en Dios. Ten fe en Dios. Con esta fe y esta confianza, libera tus palabras y anhelos a la acción de la ley, con la certeza de que ya es una realidad.

Espero les sirva y les dé un poco de luz sobre la ley de Atracción.
Asi es.
NAMASTE

Efrain Rios,
Practicante en entrenamiento de Ciencia de la Mente

domingo, 4 de abril de 2010

La muerte no existe.

Estamos en domingo de resurrección y el tiempo pasa lento...
Recuerdo las vacaciones de semana santa durante la secundaria y preparatoria... ese calor bochornoso que aletargaba el pensamiento, que embotaba los sentidos...las tardes de ocio.
Hoy es un dia bochornoso. La gente que camina por el jardín municipal parece que lo hace en camara lenta. Me siento en una suerte de pelicula de arte en la que nadie sabe que es lo que está sucediendo,y sin embargo, todo mundo sabe que sucede algo importante. Aunque no entendamos lo que pasa.
Hoy domingo celebramos la resurrección del maestro Jesús. Cuenta la historia que al tercer dia después de muerto, se levantó. Si esto fue un hecho verdadero o es una simple alegoría metafísica, poco importa en estos días. La fé de más de una tercera parte de la población mundial se basa en este hecho.
Y es que, si el maestro Jesús pudo resucitar, entonces, definitivamente fue el hombre mas fregón que habitó este planeta. La pregunta que da vueltas en mi cabeza, es ¿Para qué?
Creer que resucitó para que creyeran en él, suena absurdo. Indicaría un elevado ego y una soberbia que de inmediato se contrapone con la imagen de Jesús, el maestro.
Si pensamos que Jesús resucitó para que creyeramos en él, entonces toda su obra carecería de sentido. Los milagros y las demostraciones que tuvo fueron suficientes para que la gente se convenciera de su poder.

¿Entonces para que resucitar?
Creo que lo hizo para enseñar su última lección: La muerte no existe.
Durante su obra, Dios nos enseñó varias lecciones.
Nos enseñó que el pecado no existe al perdonar a la adúltera.
Nos enseñó que la enfermedad no existe al sanar a los enfermos.
Nos enseñó que la maldad no existe al perdonar a sus acusadores y asesinos.
Nos enseñó que la muerte no existe al resucitar.

Las enseñanzas del maestro Jesús tenían la firme intención de enseñarnos a vivir. Y una parte importante de vivir, es hacerlo sin miedo.
Si el pecado, la enfermedad, la maldad y la muerte no existen.
¿A qué le podemos tener miedo?

Si lo contrario al miedo es el amor, entonces todo va teniendo sentido.
Nos dio un único mandamiento, amaos los unos a los otros... si hay amor no puede haber miedo.

Cuando dejamos que el miedo venza, entonces la ilusión del pecado, la enfermedad, la maldad y la muerte se vuelven casi reales. Pareciera que nos dominan, nos acechan y nos gobiernan.

Por eso era necesario que Jesús resucitara.

Al hacerlo, confirmó que en el amor, con el amor, todo es posible.

La promesa de Jesús fue: Lo que yo hago y más ustedes harán.
Y Jesús era un hombre de honor, un hombre de palabra. Yo le creo.
Quien no crea en su promesa de amor eterno, que no se diga a si mismo cristiano.

Asi es.

domingo, 21 de marzo de 2010

De tentaciones y males...

¿Qué es lo que Dios quiere o espera de nosotros?
Esta pregunta quizá sea la que mas angustia crea en las personas alrededor del mundo.
Querer agradar a Dios quizá sea el pasatiempo, hobbie o deporte más practicado por la gente alrededor del planeta. Por miedo al dolor, al castigo divino, a la malventuranza, el hombre se ha inventado prácticas, ritos, ceremonias, reglas y códigos que con su supuesto cumplimiento, "evitan" la ira divina.

¿Cómo se manifiesta la ira divina?
Quizá la ira divina sea el accidente inesperado, la catastrofe no anunciada, la muerte que llega sin invitación. Quizá la ira divina sea la malquerencia, la ruina financiera, el engaño, ese dolor en donde mas duele.
¿Podremos realmente rezando evitar la ira divina?
¿Podremos realmente cumpliendo las normas religiosas evitar la ira divina?
¿Podremos, al ser pecadores, estar creando nuestro futuro lleno de la ira de Dios?

Por principio de cuentas, me niego a creer en un Dios iracundo. No creo en un Dios que se pasa vigilando a la raza humana para sorprendernos cuando fallamos y entonces castigarnos. No creo en un Dios policía.
No creo en un Dios que no sea puro amor y por lo tanto, tenga maldad dentro de Él.
Un Dios que se regodea en castigar a su propia creación, no puede ser otra cosa que un demonio, y no creo ni en un Dios malo, ni mucho menos en un Dios demoniaco.
No creo en un Dios orgulloso y autocomplaciente. No creo en un Dios que quiere que se le adore, que se regodea con las alabanzas y los regalos. Si Dios es el creador de todo lo que existe y es todopoderoso, no encuentro una razón para que quiera, ni mucho menos necesite de mis alabanzas o mis pobres, paupérrimas ofrendas.
No creo en un Dios hecho a imagen y semejanza del hombre. Invento de las mentes calenturientas, ociosas, enfermas de control y de poder.
Definitivamente no creo en un Dios iracundo. Un dios enojón no tiene sentido. Sería un Dios débil, con emociones bajas, incapaz de controlar su carácter y con sentimientos humanos.

El único pecado es la ignorancia de Dios.

El pecado no es No amar a Dios, sino desconocer quién es en realidad.
El pecado no es Robar, sino ignorar que es innecesario robar, cuando la abundancia del universo está a nuestro alcance.
El pecado no es Matar, sino la ignorancia de la vida eterna que hace a la muerte sólo una ilusión.
El pecado no es el Amor y sus manifestaciones carnales, ni está dado por la persona a decido entregar mi amor, sino por la ignorancia de que Dios es amor y todo lo cree, todo lo espera y en él todo es posible.

No hay pecado que logre la ira de Dios, porque Dios es todo amor, todo bondad, todo comprensión, toda presencia y todo poder. No hay muerte en la que no se encuentre Dios, no hay acto sexual en que no se encuentre Dios, no hay acción humana, visible o invisible, en la que el permiso y la presencia de Dios no exista.
Si llegase a existir algo parecido al pecado, seguramente antes, Dios lo permitió.
No creo que podamos hacer nada a sus espaldas ni en contra de su voluntad.

Y es que Dios no es una entidad, no es un ser, no es un "algo".
Dios es todo lo que soy en este momento, es todo lo que me rodea, es todo lo que ha existido antes y lo que existirá después de mi.
Dios actúa a través de mi y guía mis pensamientos, mueve mi cuerpo, estructura mis palabras.

Ante todo, Dios es libertad y es amor.

En su libertad, puedo hacer lo que yo quiera sin esperar castigo alguno. El libre albedrio que me ha dado, es un regalo de amor supremo. Me ha concedido la libertad y no puede haber castigo alguno por el uso de esa concesión.

En mi mente, yo soy el señor supremo. Yo soy el creador de mis pecados y soy quien me concedo mis propios castigos. Que nadie culpe a Dios del uso de mi libertad y sus consecuencias. Yo puedo decidir una vida de felicidad y gozo, una vida de amor y dicha, una vida de respeto, por sobretodas las cosas a mis deseos, a mi voluntad y a mis acciones.

Si Dios no me condena, que no me condene nadie. El único capaz de condenarme soy yo mismo.

La voluntad de Dios es que yo sea libre de tener voluntad propia.

Que se honre pues el sagrado derecho de cada uno de hacer con su vida, lo que se le de su gana.

Asi es.

domingo, 7 de marzo de 2010

Toc toc! ¿Quién es? ...El Vampiro!

Cuentan las leyendas, que un vampiro sólo entra a tu casa si es invitado a pasar.
De esta manera, la maldición y la muerte entran por consentimiento propio, jamás impuestos, jamás obligados.
La visita del vampiro puede traer algo que resulta ambigüo, la muerte y la vida eterna.
Cuando el vampiro te muerde y te chupa la sangre te mata, pero al matarte te vuelve un "no vivo", con lo cual, accedes a la vida eterna.
A pesar de que en los cuentos de horror, nos pintan la mordedura del vampiro como algo monstruoso y doloroso, la idea de la vida eterna, con superfuerza y superpoderes, puede resultar seductor para muchas personas.
No por nada, las peliculas e historias de vampiros se han puesto tan de moda en los últimos años.
Equiparo la entrada del vampiro a la casa, con la entrada de las ideas a la mente.
Una idea, solo se instala en la mente de cada quien, si uno le permite entrar.
Las ideas pueden traer vida o muerte, pueden ser una bendición o una maldición.
Las ideas, pueden corroer nuestra mente, nuestra alma y nuestra vida.
Las ideas pueden darnos vida, esperanza, fe.

Tal es el poder de las ideas.

Cuando se nos dice que debemos aprender a pensar, lo que se nos pide es que pongamos atención a las ideas que permitimos que entren a nuestra mente.
Cuando dejamos que una idea se instale en nuestra mente, le damos poder y por ende, puede instalarse en nuestro sistema de creencias.
Cuando una idea se vuelve una creencia, puede cambiar nuestra forma de ver la realidad. Y por ende, transformar nuestra vida.

Quizá sea mas peligroso dejar pasar una idea a nuestra mente, que a un vampiro.

De los vampiros, sabemos lo que quieren y lo que nos espera.
De las ideas, no.

Asi es.