Cuenta una anécdota de un pastor que estaba por preparar un sermón pero no se le venían ideas a la cabeza, mientras trataba de concentrarse, su hijo de 6 años estaba muy inquieto y no le permitía trabajar, así que pensando en como entretenerlo, encontró en una revista un mapamundi y lo recorto en pedacitos, después le pidió a su hijo que armara de nuevo el rompecabezas del mundo y cuando terminara, jugarían.
Pensando que eso le llevaría mucho tiempo al niño, el pastor se disponía a trabajar, cuando a los 10 minutos llegó el niño con el rompecabezas resuelto.
Sorprendido e intrigado, el pastor le preguntó a su hijo como había sido posible que lo resolviera tan rápido, a lo que el niño contestó:
Descubrí que detrás de la imagen del mapamundi estaba la cara de un hombre, así que pensé que si armaba la cara del hombre y el hombre estaba bien, entonces el mundo estaría bien.
El pastor sorprendido por la inteligencia de su hijo, dio con el tema para su sermón:
Si el hombre está bien, su mundo está bien.
En estos días, se habla mucho de la crisis que atraviesa el mundo.
Una crisis económica que está trayendo como consecuencias, desempleo, devaluaciones, alzas en las tasas de interés, preocupaciones, miedo…
Pero, permítanme hacer algunas reflexiones con ustedes.
¿Es acaso la crisis un problema de dinero?
Se habla de que los gobiernos de los distintos países, invierten y compran por miles de millones de dólares, la riqueza de algunos hombres y de algunas empresas se cuenta al igual por miles de millones de dólares.
¿Es la crisis un problema de escasez de dinero?
El dinero no se ha extinguido, no se desvanecido, no se ha desaparecido.
¿Dónde está el dinero entonces?
El problema actual, no es un problema de escasez de dinero, el dinero está ahí, en algún lado, con algunas personas, en algunas instituciones, en algunos países…
El problema actual, es un problema de egoísmo, de avaricia, de falta de amor por el prójimo.
La crisis que vivimos, es una crisis de valores.
La soledad en que vive mucha gente, no es un problema de falta de personas.
Personas hay muchas y cada vez somos mas. El problema real es la falta de entendimiento, el egoísmo, el falso orgullo. La soledad se elige no se impone.
Las parejas se divorcian, las familias se desintegran, pero no es un problema de falta de amor. Las personas queremos amar y ser amadas. Sin embargo, somos tan egoístas, tan orgullosos, que preferimos el dolor y la soledad a la comprensión y el entendimiento.
La crisis ambiental que atravesamos, no es un problema por la falta de aire o de agua o de tierra… es un problema ocasionado por la falta de amor por nuestra tierra, por nuestra falta de cuidado, por nuestro egoísmo, por nuestra falta de precaución, de cuidado.
La gente no tiene que comer o muere de hambre, pero no es por falta de comida. Nosotros mismos desperdiciamos comida a diario o en ocasiones comemos un poco de mas. Las tiendas de autoservicio e inclusive los productores de alimentos, tiran comida a diario. El hambre en el mundo no es un problema de alimentos, es un problema de falta de conciencia, de avaricia, de egoísmo, de falta de amor.
Si queremos cambiar nuestra realidad, si queremos ayudar a acabar con esta crisis, debemos empezar por nosotros mismos. Si el hombre está bien, su mundo está bien.
Comencemos hoy a observar nuestra realidad.
¿Qué es lo que tenemos?
¿Crisis económica? ¿Ambiental? ¿Sentimental?
Recordemos que cualquiera que sea la aparente crisis que vivimos, no es la realidad.
La realidad es que vivimos en un mundo basto, con abundancia de recursos y de oportunidades.
Las crisis que vivimos, sólo nos recuerdan en que fallamos como individuos.
¿Podemos ayudar a que otra persona coma hoy?
¿Podemos ayudar a que otra persona tenga trabajo hoy?
¿Podemos hacer que otra persona no se sienta sola hoy?
Todo está en nuestras manos. Solamente en la medida en que trascendamos nuestro egoísmo, nuestra falta de fe, nuestra poca capacidad de dar y amar, podremos superar esta y todas las crisis que atravesemos en nuestra vida.
Si el hombre está bien, su mundo está bien.
Las crisis nos fortalecen cuando las pasamos con amor. Las crisis que vivimos con miedo generalmente las contamos con dolor, nos acordamos con dolor, y si no aprendemos nada de ellas, no avanzamos y tendemos a repetirlas en el futuro.
“No hay dificultad que no pueda ser conquistada
con suficiente amor...
No hay mal que no se pueda curar con suficiente amor.
Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor.
Ningún golfo que no pueda ser atravesado con suficiente amor.
No hay muro que suficiente amor no pueda derribar, ni pecado que suficiente amor no pueda redimir.
No hay diferencia en cuán profundamente asentada pueda estar la dificultad,
qué tan desesperada sea la perspectiva
o cuán embrollada parezca la confusión.
Tampoco importa cuán grande sea el error.
Una suficiente realización de amor lo disolverá todo.
Y si pudieras amar lo suficiente, serías la persona más feliz y más poderosa del mundo.”
- Emmet Fox
viernes, 6 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
Estar preparado...
En muchas ocasiones he escuchado la frase: "No estoy preparado", pareciera la excusa perfecta para evadir las situaciones más difíciles o escabrosas de la vida.
No estoy preparado (a) para ser padre/madre.
No estoy preparado (a) para ser jefe(a).
No estoy preparado (a) para separarme.
No estoy preparado (a) para dejarlo (a).
No estoy preparado (a) para cambiarme de residencia.
No estoy preparado (a) para una relación.
Etcétera.
En diversas ocasiones la vida nos pone frente a desafíos, nos impone, nos alienta, nos avienta al cambio.
En la gran mayoría de las ocasiones lo hace sin preguntar, ni avisar.
Entonces, ¿Cómo pretendemos estar preparados?
En realidad, si tuvieramos que prepararnos para todo y se nos diera la oportunidad de ello, muy pocas veces avanzariamos y seguiriamos en el mismo estado inicial, durante la mayor parte de nuestra vida.
Afortunadamente, no estabamos preparados para los grandes adelantos tecnológico, económicos, ambientales y espirituales... y de cualquier forma se dieron.
Al universo no le preocupa si estamos preparados o no.
Simplemente hace lo que tiene que hacer.
La próxima vez que sientas que estas ante una situación para la cual no te sientes preparado, no des excusas.
De cualquier manera, el universo se encargará de hacerte cambiar.
Estés preparado o no.
Sólo debemos estar preparados para una cosa:
Lo impredecible de la vida y sus cambios.
Asi es.
No estoy preparado (a) para ser padre/madre.
No estoy preparado (a) para ser jefe(a).
No estoy preparado (a) para separarme.
No estoy preparado (a) para dejarlo (a).
No estoy preparado (a) para cambiarme de residencia.
No estoy preparado (a) para una relación.
Etcétera.
En diversas ocasiones la vida nos pone frente a desafíos, nos impone, nos alienta, nos avienta al cambio.
En la gran mayoría de las ocasiones lo hace sin preguntar, ni avisar.
Entonces, ¿Cómo pretendemos estar preparados?
En realidad, si tuvieramos que prepararnos para todo y se nos diera la oportunidad de ello, muy pocas veces avanzariamos y seguiriamos en el mismo estado inicial, durante la mayor parte de nuestra vida.
Afortunadamente, no estabamos preparados para los grandes adelantos tecnológico, económicos, ambientales y espirituales... y de cualquier forma se dieron.
Al universo no le preocupa si estamos preparados o no.
Simplemente hace lo que tiene que hacer.
La próxima vez que sientas que estas ante una situación para la cual no te sientes preparado, no des excusas.
De cualquier manera, el universo se encargará de hacerte cambiar.
Estés preparado o no.
Sólo debemos estar preparados para una cosa:
Lo impredecible de la vida y sus cambios.
Asi es.
domingo, 5 de octubre de 2008
Acción y Reacción...
Los seres humanos tenemos una parte física indudable, innegable e insustituible. Sin embargo, también contamos con una parte espiritual. Ambas partes, física y espíritual responden a las mismas leyes universales.
Fue Sir Isaac Newton quien en un momento de lucidez, vio y pudo establecer las leyes de la física, la tercera de estas leyes, conocida como Ley de Acción y Reacción, dice: "A toda acción corresponde una reacción de igual o mayor intensidad, en sentido lineal y contrario a la fuerza que lo desató."
En la vida nos pasamos accionando sin ser concientes de ello y quejándonos de las reacciones que nuestras acciones producen, pero que por la ignorancia de esta ley fundamental, catalogamos como castigo divino, destino manifiesto, voluntad de Dios...
Los dioses que la mayoría de las religiones han creado, nos permiten descansar en ellos y hacerlos responsables de lo que pasa en nuestra vida.
De esta forma, todo lo que nos sucede es "porque Dios asi lo quiso".
Einstein hablaba de la ironía de esta forma de pensar, imaginandose a un Dios que con el expediente en mano de cada uno de nosotros, se ponía a jugar a los dados y tomando decisiones en base a los resultados de la partida, nos asignaba un destino a cada uno.
Otros quizá quieran pensar en Dios como en el Santa Claus imaginario, que con una base de datos de todos nosotros, nos asigna premios o castigos de acuerdo a nuestro comportamiento.
Me niego a pensar en Dios en esos términos.
Primero porque no creo en un Dios externo a mí. Hacerlo sería negar mi propia naturaleza divina.
En segundo lugar porque no creo en un Dios juez, vengativo o consecuente, que se limita a juzgar nuestro comportamiento según nuestras propias leyes inventadas como herramienta de poder y control sobre los demás.
Creo en un Dios mas cercano al inconsciente colectivo que descubrió Jung en sus andanzas sobre el planeta.
Creo en un Dios producto de esa resonancia morfica que propusiera Rupert Sheldrake en sus experimentos.
Creo en un Dios que se encuentra en el campo infinito de todas las posibilidades que es ese vacío entre un electrón y otro, donde no existe nada, pero existe el universo entero.
Creo en un Dios dentro de mi (y en este caso me acerco mas al budismo) al cual puedo acudir cada que callo.
Creo en un Dios como el Padre al que se refería Cristo, que está esperando a que le llame y deseoso de darme todo lo que necesito. "Pedid y se les dará".
Y por último, coincido con Einstein, "No creo en un Dios que juegue a los dados con el destino del universo".
Por esa razón, hoy me declaro totalmente responsable de todo lo que acontece en mi vida, para bien o para mal.
Es díficl tomar esta responsabilidad. Sobretodo para alguien como yo que tiene la mala costumbre y pésima mania de culpar a los demás de todo. Si, de todo.
Sin embargo, haciendome responsable de todo lo que acontece en mi vida. El dolor que me causan las pérdidas, las noticias desagradables, las malas relaciones, los insultos, las negativas, todo lo doloroso, tiene un significado y un aprendizaje. Si yo soy responsable de lo malo que me pasa, entonces puedo aprender y hacer algo para que no me vuelva a pasar.
En ocasiones, nos toca ser vehículo de aprendizaje para otras personas. Podemos jugar el rol de villano, de profesor o de héroe. En ese caso, tambien somos responsables de nuestras acciones sobre la vida de las demás personas.
Todo lo que hacemos tiene una consecuencia. A toda acción corresponde una reacción.
Los hinduistas hablan de esta posibilidad incluso en el plano espiritual. Le llaman la Ley del Karma. Las reacciones a nuestras acciones, nos persiguen hasta en otras vidas después de muertes sucesivas, hasta que nos alcanzan.
Y resulta que el mundo gira gracias a esta ley.
Hacemos sufrir y nos hacen sufrir, damos felicidad y recibimos felicidad, damos amor y nos dan amor, la rueda gira interminablemente y la vida tiene sentido.
¿Podremos alguna vez gozar de paz y calma infinitas, donde las consecuencias de nuestros actos no nos alcancen?
Hay ciertas teorías al respecto. El Reino de los Cielos, el Nirvana, el Paraíso, Ananda... son muchos los nombres que se le han puesto a este estado de perfección.
Según algunos lo podemos alcanzar en vida, mediante la meditación y ciertas prácticas espirituales. Para quienes la idea del esfuerzo les parece desagradable, prefieren pensar que dicho estado se alcanza sólo despues de la muerte.
En mi caso, prefiero pensar en la primera posibilidad y aunque como mortal con miles de defectos, errores y dificultades, aun me encuentro en el portal del entendimiento de como podría acercarme a este estado de perfección. Quiero creer que será posible que lo alcance en esta vida.
Por lo pronto, doy gracias a mi Dios interior por el sufrimiento y el dolor experimentado en estos días. Sé que son una reacción a mis acciones pasadas. Estoy en ese camino de aprendizaje.
Como es necesario, también doy gracias por la felicidad infinita que tambien he experimentado. Es importante reconocer que nuestras acciones tambien nos dan felicidad de vez en vez.
Resumo lo expuesto, acudiendo a la congruencia Aristotélica que nos explica que debemos pensar, decir y hacer en forma congruente y consistente. Pensar A, decir A y hacer A. Lo complementaré con la teoría de la reacción.
Si pensamos A, decimos A y hacemos A... recibimos A.
Es importante iniciar desde el pensamiento, no desde la acción.
Nuestra vida es producto de esta cadena de sucesos.
Pensamiento, palabra y acción.
Hoy declaro que soy responsable de mi vida y todo lo que llega a ella.
Por Dios que Asi Es.
Fue Sir Isaac Newton quien en un momento de lucidez, vio y pudo establecer las leyes de la física, la tercera de estas leyes, conocida como Ley de Acción y Reacción, dice: "A toda acción corresponde una reacción de igual o mayor intensidad, en sentido lineal y contrario a la fuerza que lo desató."
En la vida nos pasamos accionando sin ser concientes de ello y quejándonos de las reacciones que nuestras acciones producen, pero que por la ignorancia de esta ley fundamental, catalogamos como castigo divino, destino manifiesto, voluntad de Dios...
Los dioses que la mayoría de las religiones han creado, nos permiten descansar en ellos y hacerlos responsables de lo que pasa en nuestra vida.
De esta forma, todo lo que nos sucede es "porque Dios asi lo quiso".
Einstein hablaba de la ironía de esta forma de pensar, imaginandose a un Dios que con el expediente en mano de cada uno de nosotros, se ponía a jugar a los dados y tomando decisiones en base a los resultados de la partida, nos asignaba un destino a cada uno.
Otros quizá quieran pensar en Dios como en el Santa Claus imaginario, que con una base de datos de todos nosotros, nos asigna premios o castigos de acuerdo a nuestro comportamiento.
Me niego a pensar en Dios en esos términos.
Primero porque no creo en un Dios externo a mí. Hacerlo sería negar mi propia naturaleza divina.
En segundo lugar porque no creo en un Dios juez, vengativo o consecuente, que se limita a juzgar nuestro comportamiento según nuestras propias leyes inventadas como herramienta de poder y control sobre los demás.
Creo en un Dios mas cercano al inconsciente colectivo que descubrió Jung en sus andanzas sobre el planeta.
Creo en un Dios producto de esa resonancia morfica que propusiera Rupert Sheldrake en sus experimentos.
Creo en un Dios que se encuentra en el campo infinito de todas las posibilidades que es ese vacío entre un electrón y otro, donde no existe nada, pero existe el universo entero.
Creo en un Dios dentro de mi (y en este caso me acerco mas al budismo) al cual puedo acudir cada que callo.
Creo en un Dios como el Padre al que se refería Cristo, que está esperando a que le llame y deseoso de darme todo lo que necesito. "Pedid y se les dará".
Y por último, coincido con Einstein, "No creo en un Dios que juegue a los dados con el destino del universo".
Por esa razón, hoy me declaro totalmente responsable de todo lo que acontece en mi vida, para bien o para mal.
Es díficl tomar esta responsabilidad. Sobretodo para alguien como yo que tiene la mala costumbre y pésima mania de culpar a los demás de todo. Si, de todo.
Sin embargo, haciendome responsable de todo lo que acontece en mi vida. El dolor que me causan las pérdidas, las noticias desagradables, las malas relaciones, los insultos, las negativas, todo lo doloroso, tiene un significado y un aprendizaje. Si yo soy responsable de lo malo que me pasa, entonces puedo aprender y hacer algo para que no me vuelva a pasar.
En ocasiones, nos toca ser vehículo de aprendizaje para otras personas. Podemos jugar el rol de villano, de profesor o de héroe. En ese caso, tambien somos responsables de nuestras acciones sobre la vida de las demás personas.
Todo lo que hacemos tiene una consecuencia. A toda acción corresponde una reacción.
Los hinduistas hablan de esta posibilidad incluso en el plano espiritual. Le llaman la Ley del Karma. Las reacciones a nuestras acciones, nos persiguen hasta en otras vidas después de muertes sucesivas, hasta que nos alcanzan.
Y resulta que el mundo gira gracias a esta ley.
Hacemos sufrir y nos hacen sufrir, damos felicidad y recibimos felicidad, damos amor y nos dan amor, la rueda gira interminablemente y la vida tiene sentido.
¿Podremos alguna vez gozar de paz y calma infinitas, donde las consecuencias de nuestros actos no nos alcancen?
Hay ciertas teorías al respecto. El Reino de los Cielos, el Nirvana, el Paraíso, Ananda... son muchos los nombres que se le han puesto a este estado de perfección.
Según algunos lo podemos alcanzar en vida, mediante la meditación y ciertas prácticas espirituales. Para quienes la idea del esfuerzo les parece desagradable, prefieren pensar que dicho estado se alcanza sólo despues de la muerte.
En mi caso, prefiero pensar en la primera posibilidad y aunque como mortal con miles de defectos, errores y dificultades, aun me encuentro en el portal del entendimiento de como podría acercarme a este estado de perfección. Quiero creer que será posible que lo alcance en esta vida.
Por lo pronto, doy gracias a mi Dios interior por el sufrimiento y el dolor experimentado en estos días. Sé que son una reacción a mis acciones pasadas. Estoy en ese camino de aprendizaje.
Como es necesario, también doy gracias por la felicidad infinita que tambien he experimentado. Es importante reconocer que nuestras acciones tambien nos dan felicidad de vez en vez.
Resumo lo expuesto, acudiendo a la congruencia Aristotélica que nos explica que debemos pensar, decir y hacer en forma congruente y consistente. Pensar A, decir A y hacer A. Lo complementaré con la teoría de la reacción.
Si pensamos A, decimos A y hacemos A... recibimos A.
Es importante iniciar desde el pensamiento, no desde la acción.
Nuestra vida es producto de esta cadena de sucesos.
Pensamiento, palabra y acción.
Hoy declaro que soy responsable de mi vida y todo lo que llega a ella.
Por Dios que Asi Es.
viernes, 26 de septiembre de 2008
La virtualidad de la realidad
El término virtual se ha puesto de moda en los últimos años gracias al uso cada vez mas frecuente de las computadoras en la vida diaria de las personas.
El internet como universo, es un reflejo exacto del caos de nuestro universo real.
Mundos enteros que colisionan entre si, que conviven uno junto a otro. El internet es un universo ilimitado de información.
Muchas personas en la actualidad pasan mas tiempo frente a un ordenador que interactuando con personas de carne y hueso.
Pareciera que la virtualidad está superando a la realidad.
Esto tiene una lógica.
La virtualidad es muy parecida al mundo de la imaginación donde viven nuestros sueños.
Esta capacidad maravillosa de soñar, permite al ser humano, liberarse y poder planificar, construir su realidad como la desea.
Aquellos que no se permiten soñar, son con frecuencia las personas mas frustradas.
En cambio quien se permite soñar, con frecuencia ve realizados sus sueños.
El sueño siempre precede a la realidad. Antes de ser en el mundo, ES en el pensamiento.
Mientras las personas "navegan" por el internet, se permiten soñar con libertad y se mueven sin ataduras.
Personas que normalmente serían cohibidas o introvertidas, encuentran en la red el espacio ideal de expresión.
Aquellos extrovertidos, encuentran en la red el foro ideal para disfrutar sus 5 minutos de fama.
El internet es un medio de comunicación democrático. Quizá el más democrático de todos.
Cualquiera puede tener su sitio, su blog, su "mail" y disfrutar de todos los beneficios que la red ofrece.
No importa la raza, el credo, el nivel económico, el lugar geográfico o la hora del día.
El internet está abierto para todo y para todos.
Asi pues, disfrutemos de la virtualidad pero recordemos siempre de nuestra responsabilidad con el mundo real.
Podemos soñar y distraernos en la virtualidad, pero siempre debemos regresar al mundo para hacer nuestros sueños realidad.
De nada sirve enamorarnos en el internet, si no disfrutamos del amor en carne y hueso.
De nada sirve chatear miles de horas, si no pronunciamos un te quiero siquiera una vez al día.
La virtualidad nos sirve.
La realidad nos mantiene vivos.
Asi es.
El internet como universo, es un reflejo exacto del caos de nuestro universo real.
Mundos enteros que colisionan entre si, que conviven uno junto a otro. El internet es un universo ilimitado de información.
Muchas personas en la actualidad pasan mas tiempo frente a un ordenador que interactuando con personas de carne y hueso.
Pareciera que la virtualidad está superando a la realidad.
Esto tiene una lógica.
La virtualidad es muy parecida al mundo de la imaginación donde viven nuestros sueños.
Esta capacidad maravillosa de soñar, permite al ser humano, liberarse y poder planificar, construir su realidad como la desea.
Aquellos que no se permiten soñar, son con frecuencia las personas mas frustradas.
En cambio quien se permite soñar, con frecuencia ve realizados sus sueños.
El sueño siempre precede a la realidad. Antes de ser en el mundo, ES en el pensamiento.
Mientras las personas "navegan" por el internet, se permiten soñar con libertad y se mueven sin ataduras.
Personas que normalmente serían cohibidas o introvertidas, encuentran en la red el espacio ideal de expresión.
Aquellos extrovertidos, encuentran en la red el foro ideal para disfrutar sus 5 minutos de fama.
El internet es un medio de comunicación democrático. Quizá el más democrático de todos.
Cualquiera puede tener su sitio, su blog, su "mail" y disfrutar de todos los beneficios que la red ofrece.
No importa la raza, el credo, el nivel económico, el lugar geográfico o la hora del día.
El internet está abierto para todo y para todos.
Asi pues, disfrutemos de la virtualidad pero recordemos siempre de nuestra responsabilidad con el mundo real.
Podemos soñar y distraernos en la virtualidad, pero siempre debemos regresar al mundo para hacer nuestros sueños realidad.
De nada sirve enamorarnos en el internet, si no disfrutamos del amor en carne y hueso.
De nada sirve chatear miles de horas, si no pronunciamos un te quiero siquiera una vez al día.
La virtualidad nos sirve.
La realidad nos mantiene vivos.
Asi es.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)